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miércoles, abril 14, 2010

Escupida

No siento particular simpatía por las editoriales, pero a veces la cuestión no es del rubro sino de la gente. En primera y última instancia siempre se trata de esto: la gente. Resulta que a veces están los que se hacen fama de buenos tipos y se recuestan en esto para portarse mal.

La editorial había aceptado el libro, lo iba a publicar, le hicieron informe de lectura, qué reunión para acá, que reunión para allá, que fulano va a hacer el prólogo, que se le pide el prólogo a fulano, que fulano lo escribe, y pasa el tiempo, el tiempo quieto, así, con el material casi empapado de tinta en la imprenta. Entonces la llamadita telefónica que me la imaginé que debe haber sonado como esa frase odiosa: ‘tenemos que hablar’. Pero no, la reunión fue convocada para hacer ajustes al texto. Sin embargo, las palabras daban vuelta sobre la mesa, se enfriaban con el café y en un diálogo del tipo ‘el futuro te espera’ la publicación fue cancelada. Los motivos no explican.

Editoriales hay otras, la novela está escrita, la publicará alguien más, el escritor va a seguir escribiendo. Lo que me molesta es que tengan fama de buenos tipos.

martes, enero 05, 2010

Untitled thoughts

Las afirmaciones a veces son una excusa para acercarse a un tema. Es decir, son una manera de abordar el mundo y la realidad –incluso la realidad de la ficción. También son un punto de descanso del pensamiento. Por eso, cuando digo: para Analía el mundo desconocido es un espacio tan grande como el del mundo que conoce, estoy resumiendo un texto muy largo que estoy dejando decantar.

Al mismo tiempo, se me ocurre que Montevideo me mata va llegando a alguna suerte de final, mientras se acerca una vida sin mi tía –aunque sigue rezando y esperando vivir hasta que yo me case- y lejos de la rambla de Montevideo.

Es tiempo de cambiar.

jueves, diciembre 24, 2009

domingo, diciembre 20, 2009

Polución

Cierro los ojos para escuchar a las hojas inquietas del árbol pero la computadora grita más. Ahora chillan algunos pájaros que se suman al sonido cada vez más alto e impertinente de la máquina. Las hojas callaron. Entonces retomo el esfuerzo diario por ignorar lo grotesco para seguir el diálogo con el viento. Cada tanto asoma el murmullo suave de los árboles y me levanta de la silla. Camino quebrando hojas secas hasta el árbol que me abraza con olor a eucaliptus. Entonces trepo apretada al tronco para estirarme hasta la primera rama y hago fuerza con los brazos, subo un pie y lo engancho por la rodilla en la rama. Levanto el cuerpo y descanso. Un susurro me da la bienvenida.

domingo, noviembre 29, 2009

sábado, noviembre 28, 2009

sábado, noviembre 21, 2009

viernes, noviembre 13, 2009

sábado, junio 27, 2009

"No llamen a nadie"

Me acosté y metí la cabeza adentro de las sábanas porque el frío era intenso y se sentía en el aire del cuarto al respirar por más que había prendido la estufa un rato. Ahí adentro, entre el calor y la falta de oxígeno empecé a dormitar. Creo que hasta me dormí porque me sobresaltaron los golpes en la puerta de calle. Eran golpes fuertes y repetidos, insistentes. Salté de la cama, me tapé con una ruana, agarré el celular y corrí hacia la puerta preguntando ¿quién es? ¿qué pasa?. Los golpes no cesaban. El reloj del teléfono marcaba más de la una de la mañana. Hablé más fuerte junto a la puerta ¡¿quién es?! Los golpes pararon. Es la policía, me respondieron. Por favor, abra. Acerqué el ojo a la mirilla sin la menor intención de abrir la puerta. Pero vi que había mucha gente en el pasillo del edificio. Y las voces me explicaron algo sobre una vecina que se había caído.

Abrí la puerta y había tres policías frente a mí que me hablaron muy rápido, y dijeron que tenían que entrar a mi casa porque la vecina se había caído y querían ver por dónde podían entrar a la casa de ella. Estaban las puertas de otros dos apartamentos abiertas y los respectivos vecinos en el corredor. También estaba en el pallier la parejita que vive abajo. Ante ese panorama se me prendió el sistema automático de ayuda al vecino y los dejé entrar, les corrí el sillón que está pegado a la ventana y en dos minutos todos los policías estaban en el living de casa mirando por la ventana enrejada que no les permitía pasar. “La otra opción es ir por la azotea”, les sugerí. “Ah, por ahí no. Vamos a tener que llamar a los bomberos”. Los bomberos también tenían que rescatar a uno de sus colegas que había saltado con éxito desde el balcón de la vecina del frente para llegar al balcón de la vecina caída, pero no pudo entrar a la casa y tampoco pudo saltar de regreso. Así que estaba ahí, en el balcón, con el frío de esa madrugada.

La parejita que vive abajo había escuchado el golpe de la caída, y los gritos de la vecina pidiendo ayuda. Subieron enseguida y tocaron timbre, golpearon la puerta, pero nadie los atendió. Entonces, decidieron llamar a la policía. Y con la policía fueron despertando a todos los vecinos del piso. "¿No es más fácil tirar la puerta abajo?" sugirió alguien al policía que no quería ir desde la azotea. "No podemos, necesitamos una orden judicial. Tienen que ser los bomberos". Mientras no llegaban los bomberos, la policía nos preguntó por la familia de la señora, que cuántos años tiene, pero no sabíamos mucho, casi nada. Sólo lo que vemos y eso no te dice tanto de la persona en sí sino de la propia vista llena de lentes y mirillas. Mi vecina tiene el pelo rubio, larguísimo, y es muy flaca, demasiado flaca. Camina con dificultad, y sube las escaleras despacio. Habla lento y fuerte como si estuviera dopada. A veces grita y protesta. No dice estupideces, pero su aspecto de rara desacredita sus palabras. Más que nada tiene el aspecto de una persona enferma. De ahí la preocupación de todos por su caída. Con la llamada a los bomberos se hizo una llamada a la ambulancia.

Los bomberos fueron rápidos. Aparecieron con un equipito para abrir puertas –básicamente un martillo enorme y un fierro como para hacer palanca- y en cuatro golpes muy escandalosos la puerta se abrió. Los policías entraron y le dijeron al que quedó en la puerta: Que nadie entre. Los vecinos quedamos afuera, y escuchamos: “Que venga la ambulancia, está con vida”. Los bomberos se aprontaron como para irse, pero el policía que estaba en la escalera les dijo: Falta el colega. ¿El colega?, preguntó el bombero y todos lo acompañamos con la mirada de quien dice ¡¿qué colega?!. El que está en el balcón, recordó el policía. Ahhhhh, dijimos todos sin disimular sonrisas.

La ambulancia demoraba, y los policías no decían mucho mientras tomaban declaraciones a los vecinos.
- ¿Nombre?
- Fulano de tal.
- ¿Estado civil?
- “Casado, o separado”, no sé que debe poner, ponga lo que prefiera le contestó el nuevo vecino de la esquina.

Al mismo tiempo otros policías buscaban la cédula de la vecina caída, algún teléfono de un familiar o alguien conocido. Revisaron su cartera delante de todos nosotros, para que seamos testigos de que no faltara nada. Me sentí incómoda por la repentina invasión a la intimidad de la vecina rara, aunque fuera motivada por un pedido de auxilio. Algunos detalles de su vida salieron de su cartera y de su casa en las palabras que escuché esa madrugada. Cosas de esas que no se comentan.

¿Quién les pidió ayuda? Repetió enojada la vecina que ya no estaba caída, váyanse dijo primero a los policías, y luego a los médicos cuando al fin llegaron. No dio nombres, no firmó nada, y no paró de protestar. Después de un rato de pelear con policías y doctores, por ninguno de los cuales mostró simpatía, preguntó en voz fuerte quién de todos los vecinos fue el que llamó a la policía. Los vecinos entramos a recular mirando a los culpables, que se acercaron a ella explicándole que se habían preocupado por el golpe, por los gritos. La voz de la vecina no mostró un atisbo de agradecimiento. No tienen que llamar a nadie. No llamen a nadie. A nadie.

Bueno, dije, me retiro, les digo hasta mañana. Hasta mañana contestaron algunos. Entré a casa y puse agua a calentar. Hacía tanto frío como en la madrugada de hoy. Me preparé un té mixto. Lo tomé, y volví a la cama.

jueves, junio 25, 2009

Hogar dulce hogar

Mi casa está sufriendo transformaciones. Estoy empezando a habitar el lugar de una manera distinta, como si pensara quedarme un tiempo. Aunque viví casi ocho años en otro apartamento mi relación con el lugar tenía algo de tránsito, y ese mismo vínculo ha seguido en este año y medio en el que estoy acá. Ahora decidí hacer algo con esto, y pedí ayuda a mi cuñada y sus socias, las arquitectas. Ellas aceptaron mirar el departamento y darme ideas.

Mi cuñada se fue con las llaves de mi casa y sus compinches a mi casa mientras yo salía del trabajo. Estuvieron un rato, no sé cuanto exactamente, pero un buen rato porque volví a casa caminando. Cuando entré casi había olvidado que iban a estar ahí. Y entré a una casa en estado cercano a una mudanza. Las tres llegaron con gran energía, se entusiasmaron y entraron a mover las fichas del tablero. Primero, dijeron, hagamos algo con lo que hay adentro. Cambiaron casi todos los muebles de lugar. Encontraron lugares que yo no había visto en mi propia casa. Con los mismos muebles, la casa ahora está más grande. Hay más espacio.

De sus sugerencias armamos una lista de las cosas que podría hacer en casa, a las que ahora debo poner prioridad. Me siento como en ese programa de People & Arts que la gente entra y te hace una casa nueva sin moverte del lugar. Está bueno cambiar. Y también está bueno dejar que otros te cambien.

martes, junio 16, 2009

Podría llamarse Juan

Tiene las piernas muy flacas envueltas en un pantalón azul; el pelo largo y la barba blanca. No sé calcularle la edad a la gente y a este hombre me resulta aún más difícil porque su descuido seguramente lo avejenta un poco. Es alto, anda erguido y camina con pasos largos. Mientras avanza gira la cabeza a su derecha y grita: ¡Andá a pedirle a tu madre! ¡Yo no te voy a dar nada!.

Te dije que este muchacho nos iba a traer problemas, comenta en tono más bajo hacia el otro costado. La mañana es fría y la vereda gris por la que camina está vacía. Llega hasta la esquina y entra al quiosco donde consigue un vaso de plástico con agua caliente. Lo veo pasar de regreso, tranquilo, sin discutir, con las dos manos pegadas al vaso que sostiene cerca de la cara para dejar que el calorcito del agua que se le entrevere con la barba.

Podría llamarse Juan o Germán o Gustavo. Podría llamarse José.

domingo, junio 14, 2009

Siestita

El taxi anda tranquilo por la Avenida Ricaldoni, al costado del parque mientras se acerca a Avenida Italia. La mirada se me va por la ventana hacia el verde incluso en estas mañanas invernales donde se puede encontrar siempre a alguna persona que corre, hace estiramiento o yoga en el parque. Los árboles, el monumento, y la gente andando siempre me cautivan. Con el ojo en la naturaleza y el oído en la radio escuchando a Darwin Desbocatti me dejaba llevar sin apuro.

A pesar de mi tranquilidad de repente me pareció que hacía mucho rato que el paisaje por la ventana no cambiaba. Miré a mi alrededor y vi que los autos avanzaban a los costados del taxi. "¿No arrancamos?", le pregunté al conductor. El hombre no respondió. Entonces estiré el cuello para acercar de alguna forma mi cara a la mampara para hablarle más fuerte, y ahí lo vi. El taxista tenía los brazos caídos sobre los costados, el rostro afable, el cuello curiosamente erguido y los ojos plácidamente cerrados.

martes, abril 28, 2009

Idea, tan querida



"Inútil decir más.
Nombrar alcanza."

Idea Vilariño

lunes, abril 27, 2009

Narración oral en Montevideo

El último jueves de cada mes, a las 19:00hs - a partir de este jueves, 30 de abril- se lleva a cabo el ciclo Narración oral 2009, en la librería 33 Montevideo (San José 1448). ¡A escuchar cuentos!


sábado, diciembre 20, 2008

CAI en la Ciudad Vieja

En la esquina de Bartolomé Mitre y Policía Vieja, un lugar lleno de buenos espíritus, Vanessa inauguró un boliche con Archies colgados del techo, fotos de Fernanda Montoro, videos en proyección, el sonido de un saxo, y mucha gente querida.

Vean fotos de la inauguración en lo de Tere Puppo

PD: Me encantaron los azulejos del baño que cuentan historietas de Mafalda.

miércoles, noviembre 26, 2008

viernes, noviembre 21, 2008

"Del pensamiento débil al pensamiento de los débiles" Gianni Vattimo


Llegué hace un rato del Paraninfo de la Universidad de la República de escuchar a Gianni Vattimo con su increíble sencillez y humor para hablar de estas cosas de filósofos. Adoré la charla, que si bien se tituló "Del pensamiento débil al pensamiento de los débiles", versó más sobre el pensamiento débil que sobre el último aspecto. Vattimo me encanta, entonces me puse cholula, le saqué una foto y no me animé a hablarle. Me atacó la timidez de la admiración. En fin.

Su pensamiento débil es un pensamiento enraizado en los valores cristianos -él se define como un católico desconformista y antipapal- además de todas las herencias de Nietzsche y de Heidegger, que Vattimo no deja de mencionar. El pensamiento débil en pocas palabras es "pensar que la verdad no es algo dado como un hecho frente a mí, sino como algo consensuado". "Porque la verdad se verifica sólo en el diálogo con el otro."

Este pensamiento es débil "porque no cree más en una verdad única, fuerte", sino que habla de una verdad aceptable, a la que se llega con argumentos que hagan mi interpretación (basada en mi herencia cultural, religiosa, etc) aceptable. Y esta verdad se alcanza a través del consenso. "Cuando nos ponemos de acuerdo con el otro decimos que hemos encontrado la verdad".

Anunció que va a publicar un libro con una serie de ensayos que se titula "Adiós a la verdad". "Me siento como un hegeliano cortado de lo absoluto", comentó. En un mundo donde no hay valores absolutos solo tenemos el amor del próximo, solo nos queda ponernos de acuerdo con los que están al lado, dijo Vattimo.

(No sé si interpreté bien esto, pero a priori me gustaría que Vattimo hablara del amor del prójimo, y fuera más pretencioso en la capacidad de ponernos de acuerdo, y pusiera el alcance de ese acuerdo más allá del que tenemos al lado.)

Para Vattimo, el proceso histórico que va de Platón a Nietzsche, habla de la debilitación de la objetividad, a la que ve con optimismo, porque para él "la debilidad es la única manera de emancipación". Hay que aligerarse de todas esas literalidades, desarrollarse hacia una condición de mayor espiritualidad y ligereza, afirma.

Vattimo dice que sólo los débiles son la audiencia posible del pensamiento débil, y recuerda que los fuertes son pocos: Los débiles son la mayoría. Elijo los débiles porque estoy entre los débiles y porque son los que tienen proyectos, señaló.

Me quedé con las ganas de agradecerle por acompañarme con sus palabras, por ayudarme a pensar, y contarle que tengo grabadas en mi cabeza algunas frases suyas como cuando dijo que la función de la filosofía es ayudarnos a vivir en la incertidumbre. Pero bueno estaba demasiado cholula y tímida. Así que vengo y escribo.

También me vine pensando que esto del postmodernismo no deja de ser una visión eurocéntrica, ya que todo su origen se explica a través de la ruptura de los metarelatos -como decía Lyotard- que implicaban la centralidad del pensamiento europeo. "Esto terminó cuando los primitivos nos obligaron a no hablar más de primitivos", dijo Vattimo. Sin embargo, este pensamiento de los débiles sugiere un verdadero movimiento fuera del eurocentrismo.

viernes, noviembre 07, 2008

Fishing

sábado, noviembre 01, 2008

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