lunes, diciembre 12, 2005

Un espejo de regalo

Pasé por el supermercado antes de subir a mi casa. Fui hasta la heladera de lácteos y agarré tres yogures descremados cero calorías con gusto a frutas del bosque. Seguí derecho a la caja, y en el camino agregué un tomate y una cebolla.

Hola me dijo la chica que atiende la caja. Me cae simpática aunque apenas la conozco porque no hace mucho que trabaja en este super de donde soy clienta hace años. Tiene un piercing en la nariz, el pelo corto y una sonrisa. ¿Estás a dieta? me preguntó. Quiero bajar unos quilitos le conté, esos que me cuesta sacarme desde que dejé de fumar. ¿Dejaste de fumar? me dijo sorprendida. Sí, sí, hace un año y siete meses. ¡Pah!.

¿Vos fumás? Sí, contestó mientras pesaba el tomate y la cebolla. Y no puedo dejar de fumar, es que acá me vuelvo loca. Mirá.. siempre hay algo que te va a volver loca, es cosa de voluntad le dije con un cierto dejo de ese aire de exfumadora que tanto me molestaba cuando yo fumaba. Me miró y dijo: bueno, yo todavía soy joven...

Un silencio helado se instaló entre nosotras, me quedé sin palabras y sentí que mis cejas se elevaban mientras mi pera se pegaba un poco al cuello para dejar los ojos abiertos con el iris sostenido en el párpado superior. Como resultado imagino me salió una mirada de esas que pegan piñas. Click, click, se abrió la registradora y me dijo: son sesenta pesos. Saqué el monedero de la cartera, le pagué y le dije chau. Chau me contestó, y salí del supermercado con mis yogures, mis quilitos de más, y un espejo de regalo.

4 comentarios:

Carlos dijo...

Que buen relato, me encantan esos relatos de la vida cotidiana llenos de contenidos.
Yo también dejé de fumar pero hace casi 4 meses y me parece que es natural que a uno le da como un aire de superioridad con los que aún fuman ¿por qué será?...es inconsciente, sin intención, tipo: yo ya me liberé de algo que tú aún dependes.

Saludos,
Carlos

Sole dijo...

Gracias Carlos. Estás por superar los meses más difíciles...no sé si diría superioridad...aunque sí lo siento como un logro propio, como si hubiera luchado conmigo misma. Pero también entiendo al que fuma, y el rechazo que da que te vengan a decir daleeeeee no fumesssss. Fijate ahora yo ni siquiera dejo que alguien prenda un cigarrillo en mi casa. Saqué todos los ceniceros.¡Me volví una exfumadora terrible!

Gonzalo Paredes dijo...

Joven: hay unos libros que tal vez le interese retirar. Contáctese conmigo. Gracias.

Sole dijo...

¡Qué maravilla! Le mandé un email y en cualquier momento voy a sentarme en la plaza entre sus extraños a ver si se asoma al balcón :-) Es que no encuentro su teléfono... que sería mejor.